| Pensar, el més important |
| general |
| Escrit per Josep Maria Esteve Gibert |
| dissabte, 28 de febrer de 2009 20:42 |
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Recupero en el meu bloc una anècdota verídica i que forma part de la nostra missió d'escola: Aconseguir alumnes que pensin. Sir Ernest Rutherford presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química contaba la siguiente anécdota: Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que le había dado en un problema de física, pese a que este afirmaba rotundamente que la respuesta era acertada.
Profesores y estudiantes pidieron un arbitraje imparcial, y ese fui yo. Leí la pregunta del examen y decía: ”Demuestre cómo es posible determinar la altura de un edificio con un barómetro”. El estudiante había respondido: “Lleva el barómetro a la azotea del edificio, y átale una cuerda muy larga, descuélgalo hasta la base del edificio, marca y mide .La longitud de la cuerda es igual a la longitud del edificio. Realmente el estudiante había planteado un serio problema de resolución del ejercicio, porque había respondido la pregunta correcta y completamente. Por otro lado, si se le consentía la máxima puntuación, podría alterar el promedio de su año de estudios, obtener una nota más alta y así certificar su alto nivel en física, pero la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviese ese nivel. Sugerí se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedió seis minutos para que me respondiera la misma pregunta, pero con la advertencia de que esta debía demostrar sus conocimientos en física. Pasaron 5 minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía varias respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara. En el minuto que quedaba escribió la siguiente respuesta: Toma el barómetro , lánzalo al suelo desde la azotea del edificio, calcula el tiempo de caída con un cronometro. Después aplica la formula: altura=0,5 por A por T2. Y así obtenemos la altura del edificio. En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota más alta. Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro y cuentas el número de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la altura del barómetro por el número de marcas que has hecho y ya tienes la altura, es un método muy directo. Por supuesto, si se quiere un procedimiento mas sofisticado, puede atar el barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si calculamos que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la gravedad es cero y tenemos en cuenta la medida de la aceleración de la gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos valores, y aplicando una sencilla fórmula trigonométrica, podríamos calcular, sin duda , la altura del edificio. En este mismo sistema, atas el barómetro a una cuerda y lo descuelgas desde la azotea a la calle. Usándolo como un péndulo puedes calcular la altura midiendo su período de presesión. En fin, concluyo, existen muchas otras formas. Quizás lo mejor sea tomar el barómetro y golpear con él la puerta de la casa del conserje. Cuando abra decirle: Señor conserje , aquí tengo un bonito barómetro si usted me dice la altura del edificio, se lo regalo. En este momento de la altura de la conversación le pregunté si no conocía la solución convencional del problema (la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos lugares). Evidentemente dijo que la conocía pero que durante sus estudios sus profesores habían intentado enseñarle a pensar. El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922, más conocido por proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y los electrones que lo rodean. Fue innovador en la teoría cuántica. Al margen del personaje, lo divertido y curioso de esta historia es que: ¡Le habían enseñado a pensar! Espero que les haya gustado. A los escépticos cabe decirles que esta historia es absolutamente verídica.
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